
Tortillas palmeadas, pan casero, un café... o quizá una aguadulce con vos, como siempre....
No había mejor manera de pasar una tarde que dar la vuelta a la cuadra y entrar en ese espacio; espacio en el que como si fuera una cueva uno se siente protegido.
En tu casa el tiempo no pasa y las historias de vida se reproducen con cada gesto, con cada nuevo conversación... cuanto quisiera que ahora esas tardes de café con los pies colgando de un sofá y las manos sosteniendo la cara se repitan de manera interminable.
Cuanto quisiera poder escuchar, no importa, una y otra vez esas historias que cuentas repetidas, sin darte cuenta, como si fuera la primera vez que me las cuentas.
A vos, Tita.